Cuando el pecado se convierte en políticas de Estado: ¿cómo votar?

Cuando el pecado se convierte en políticas de Estado: ¿cómo votar?

El mundo va cambiando día a día (no precisamente para mejor), y la política va de la mano.

Como pastor siempre fui de la posición de ser «neutral» con la congregación respecto a todo tema político por cuestiones de la libertad de conciencia, y que elegir un candidato es un «asunto personal». Pero el escenario ha cambiado, y ya no se puede ser neutral.

El voto hoy no solo define políticas sociales y económicas, sino profundamente morales. Nunca el votante se ha visto con la disyuntiva que votar a un candidato podría ir en contra de la vida (legalización del aborto), o en la destrucción del concepto de familia (feminismo), o un cambio de concepto existencial del sexo que definen al hombre y a la mujer (ideología de género).

Maldad y desacierto hubo en toda la historia de los reyes de la antigüedad, tanto como en los presidentes de las democracias modernas. Pero inexorablemente la «multiplicación de la maldad» que nos menciona Mateo 24:12 lleva a que la «inmoralidad de la sociedad» (que siempre existió) ahora se convierta en «políticas de estado».

Corrupción política y una sociedad en pecado casi siempre fueron la constante de las últimas décadas, pero la diferencia ahora es que el pecado se convierte en ley, y estas leyes presionarán a los cristianos a doblegarse ante ellas.

Para buscar un paralelo bíblico, en el Antiguo Testamento tenemos al pueblo de Dios en el exilio, en medio de los paganos, donde dichos paganos adoraban a sus falsos dioses. Vivir en Babilonia rodeado de gente inmoral (que no buscaba a Jehová) era un reto para los israelitas. Pero no obstante podían orar como el profeta Daniel libremente al verdadero Dios y nadie los obligaba a postrarse ante los falsos dioses. Pero eso en algún momento cambió.

OBLIGAR A LO MALO Y RESTRINGIR LO BUENO

En el libro de Daniel nos encontramos que Nabuconodosor impulsó a toda la tierra a adora su estatua so pena de muerte (Daniel 3). Esto es obligar a lo malo. Y en Daniel capítulo 6 encontramos al rey Darío sacó un edicto que nadie podía orar a su Dios, también so pena de muerte. Esto es restringir lo bueno.

El escenario actual pone a los cristianos en el mismo aprieto (en algunos países más, en otros menos). Ejemplos:

  • Si las leyes nuevas del aborto obliga a médicos a practicarlo: ¿qué haría un médico cristiano?
  • Si las leyes nuevas de educación obligan a maestros a enseñar ideología de género: ¿qué deberían hacer los maestros y profesores cristianos?
  • Si para hacer un trámite obligan a hacer al ciudadano un «curso obligatorio en perspectiva de género»: ¿Qué debería hacer el cristiano?
  • Si dan como materia obligatoria en la escuela algo relacionado a agenda LGBT: ¿Qué deberían hacer los padres cristianos?

¿Nos damos cuenta que ya no podemos como pastores ni como cristianos ser neutrales ante el reinado del Anticristo que se está gestando?

¿Nos damos cuenta que tenemos que votar ya no por economía, sino por agenda moral?

¿Y qué de la libertad cristiana? Pues hay proyectos de gobierno que con esta pandemia del Covid-19 cierran iglesias mientras los bares y casinos siguen abiertos.

ACEPTAR QUE EL ESCENARIO CAMBIÓ

Seguir en la neutralidad sería hacer una abstracción de la realidad en la que vivimos. Nuestra meta como cristianos, como iglesias locales, es predicar el Evangelio (eso está claro), pero sabemos que parte de la predicación del Evangelio es la denuncia del pecado y debemos llamar a lo malo, malo, y a lo bueno, bueno (la antítesis de Isaías 5:20).

Por lo tanto, debemos saber que mucho más que votar personas (sí, con sus fallas morales) o partidos (sí, con sus errores históricos) estamos votando proyectos políticos pro-pecado y que van en desmedro de la libertad cristiana… ¡o podemos hacer lo contrario!

Debemos votar hoy más que nunca con una lente bíblica y apoyar a candidatos que más se acerquen o, dicho de otra forma, que se distancien menos de los principios morales del cristianismo.

No podemos vivir una vida cristiana con grandes ideales de santidad si nos comportarnos como impíos en las urnas. No podemos votar proyectos políticos pro-pecado.

 

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